Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

El Señor de los Anillos”, JRR Tolkien

Con las noticias de la futura filmación de “El Hobbit”, mi afición Tolkiendil está renaciendo cada día más. Lo admito, soy una Tolkien Geek convicta y confesa, aunque hace años que he abandonado casi el fanatismo.

Por estas fechas, hace 7 años, empecé a leer los libros de la trilogía de “El Señor de los Anillos” (ESDLA). Casi de casualidad, como quien no quiere la cosa. Yo era una fan absoluta de Asimov, Verne y Star Wars (sin ningún orden), y recién tenía un año leyendo la saga de Harry Potter, que me parecía buena pero no tanto (ahota me gusta más). Había leído en “El Comercio” que ese año, 2001, se estrenaba la primera película de la trilogía, y eso en cierto modo me había motivado a estar al tanto de su estreno, mas no a leer los libros.

La motivación vino por un lado insospechado. Se los contaré.

Estaba por esos tiempos en un ciclo de preparación pre-universitaria llamado Ciclo Básico, porque es para estudiantes de 5to de Secundaria que desean reforzar sus conocimientos. Así que, después del cole, iba a estudiar esa preparación. En mi salón había muchísima gente interesante, incluyendo a un chico de vestimenta peculiar y sonrisa enigmática. Casi siempre nos sentábamos cerca, y en una ocasión le escuché hablar de ESDLA. Le pregunté si me podía prestar los libros, y me dijo que no. Esa negativa me desanimó a leerlos (así de tacaña era XD), al menos por el momento.

Poco a poco empezamos a conversar más, y recuerdo que estábamos hablando, de pronto miró la toma de teléfono que estaba en el salón y eso le hizo sonreír, luego me explicó que la toma del teléfono le recordó a la runa con la que firmaba Gandalf, la cual se asemeja a un teléfono antiguo. Vaya…

Un buen día, aún no recuerdo cómo sucedió (probablemente ya notaba que me estaba interesando en serio ESDLA) escribió en un papelito los versos con los que comienza el post, y que precisamente están en el libro inicial de la trilogía. Recuerdo esa sensación como si fuera ayer: el escalofrío que surcaba mi espalda, el aumento del latir de mi corazón, el pensamiento que invadía mi mente, “¿a quién rayos se le ocurrió escribir esto?”.

Tolkien fue un maestro al colocar esa estrofa al comienzo de su obra maestra. El sólo leerla deja un sabor muy similar al que siente Juan en el Apocalipsis, dulce al inicio, amargo al final. Te deja queriendo más, queriendo saberlo todo sobre el libro y sobre esas palabras que suenan a conjuro. Porque Tolkien era como un dios para su mundo, Arda, y por eso sus textos tienen esa sensación de mitología y se sienten tan… ciertos.

A la semana siguiente mi mamá fue a Época a comprar los tres libros, y meses después me los trajeron de EEUU en inglés.

Confieso que traté de dejar el gusto por ESDLA para olvidar todo lo que me pasó ese año (hechos y personas) pero no pude, preferí afrontarlas y seguir adelante.

Nunca tuve la ocasión de hacerlo, pero ahora sí me gustaría agradecer a esa persona que me introdujo en este mundo tan fascinante. Sé que él está en tantos fandoms que realmente ESDLA no es su prioridad como interés. Para mí la trilogía ha representado mucho: conocer amigos, encontrar el valor para hacer las cosas cuando no podía hacerlas, escuchar los mejores soundtracks que existen, en fin… cosas que no cambiaría por nada.

Y todo, por ese párrafo escrito en un papel, ya hace 7 años. Gracias.